Superpapis de Corazón

Mostrando entradas con la etiqueta Cariño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cariño. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de marzo de 2020

#yomequedoencasa#totanirabe

En estos tiempos indecisos que estamos viviendo, con el confinamiento en nuestras casas debido a un diminuto virus, el COVID-19, estamos aprendiendo como nunca lo habíamos hecho antes, como especie.
Con el #yomequedoencasa nos hemos dado cuenta de la importancia de cuidarnos los unos a los otros, pero ya no sólo a nuestros seres queridos, sino a todos los miembros de esta tribu global.
Estamos resignándonos a que es mejor quedarnos quietecitos, algo que se nos había olvidado hacer. Estamos volviendo a disfrutar de nuestro tiempo, y de nuestra familia, aunque sea en la distancia, ante la falta de poder abrazarnos, acariciarnos, mirarnos cara a cara. En la era de las tecnologías, se nos han vuelto más necesarias de lo que nunca hubiéramos imaginado.
También los miedos y la ira, sentimientos primitivos por excelencia, se han apoderado de nuestros cuerpos y de nuestras mentes, a falta de una solución visible en nuestro horizonte.
Pero al mismo tiempo, hemos abierto una ventana, o más bien un balcón hacia la esperanza y los sentimientos positivos, hacia el mundo que nos rodeaba, y que parecía que se había vuelto invisible a nuestros ojos.
Hemos aprendido que la raza humana lucha mejor cuando está unida, y no cuando se divide. Aunque miremos con recelo al que tenemos al lado cuando salimos a comprar al supermercado.
Por encima de todo ha de brillar la hermandad, la ayuda al prójimo, el ponernos en el lugar del otro y darnos cuenta de que éramos más afortunados de lo que creíamos.
¡Qué pena que no nos hayamos dado cuenta antes! Con toda esta histeria colectiva de contagios y muertes, se nos ha olvidado que no tan lejos de nosotros ya existía mucha muerte a diario, por hambre y enfermedades, en los países deprimidos y en los campos de refugiados.
Es curioso que ningún informativo hable de ellos estos días. Será porque no son noticia de última hora. Eso ya nos lo sabemos, lo nuevo es lo que interesa.
Con todo, miramos la parte positiva de esta pandemia mundial, que es el acercamiento que ha provocado entre pueblos, y vecinos.

Foto: Sharon McCutcheon en Pexels
Montaje: ReneeMB con Picsart

Al hilo de esto, me he acordado de un artículo que publiqué hace justo 3 años, también a partir de una noticia, aunque bastante distinta a las que nos tienen ahora enganchados a la tele y al wasap.
Aquí os lo dejo, por si os interesa leerlo (o releerlo).
¡Muchos ánimos!
#yomequedoencasa

Todos somos... ¿hermanos?




domingo, 26 de agosto de 2018

La vida (no) sigue igual (2ª parte)

Como ya dije en el post anterior, cuando tienes un hijo la vida te da un vuelco, y cambian muchas cosas. Además de las que ya comenté, encontramos otras.

 4    La pareja


Siguiendo el consejo que nos dieron varias personas, Superpapi y Supermami teníamos claro que no íbamos a descuidar la pareja.
Sin embargo, eso es más fácil de decir que de hacer. Durante los primeros meses lo veíamos tan chiquitín, tan frágil, que nos invadía la sensación de que lo estábamos abandonando si lo dejábamos con otra persona. De hecho, un par de veces que lo dejamos con su abuela para ir a hacer recados nos sentíamos súperextraños sin el peque, nos faltaba algo, y tardábamos el menor tiempo posible para volver pronto junto a él.
Por otra parte, a los dos nos sucede que en realidad, cualquier plan que hagamos, nos apetece compartirlo con el chiquitín. Si salimos a cenar, ¿por qué no va a venir con nosotros? Si planeamos una excursión o una escapada, o ir a ver las Fallas, ¿por qué se tendría que quedar en casa?
Si estamos deseando que sea más mayor para visitar castillos, parques temáticos y demás.
Así que, de momento, hemos ido posponiendo los planes de pareja para cuando sea un poquito más mayor…

5.    La casa


Aunque Superpapi es bastante más ordenado que Supermami (yo soy un poquito caótica), cuando llega un bebé la casa se vuelve una auténtica leonera, y en nuestro caso más todavía, ya que el duendecillo se adelantó mes y medio y por tanto no nos dio tiempo a preparar del todo su llegada.
Por otra parte, yo me he vuelto algo más ordenada. Quizá tengo el síndrome del nido con retraso, ya que como ya he comentado no tuve la ocasión en su momento, y me paso el día ordenando su ropita y sus cositas (ya hablaré en otro post de su ropita).  Aun así, la casa está siempre patas arriba. Y como le digo a Superpapi, “Esto no es nada, espera a que empiece a caminar y a esparcir sus juguetes por todas partes”.


6.    El mundo de los niños


En tu cabeza ya no entra sólo tu hijo, sino que te solidarizas con todas las madres, te sientes MADRE/PADRE con mayúsculas, en el más amplio sentido de la palabra.
De hecho yo ya me sentía un poco así antes, debido a mi profesión, pero esta necesidad de proteger a todos los niños del mundo se ha disparado, desarrollándose a una escala muy superior.
Ya me lo dijo otra Supermami, que ella durante el embarazo no soportaba ver las noticias.
Bueno, a mí ya me ocurría algo parecido, se me ponían los pelos de punta al escuchar alguna atrocidad cometida sobre algún niño. Pero ahora es mucho más fuerte. Se me encoge el corazón, un quemazón atenaza mi garganta, y efectivamente entiendo que  haya padres capaces de matar (por sus hijos, claro).
Sobre todo me pongo en la piel de esos Superpapis, porque ahora sí que comprendo ese sufrimiento en toda su extensión.

7.    Tu cuerpo


Aunque hable de él en último lugar, es uno de los primeros cambios que experimentamos las Supermamis.
A pesar de que a mi no me cambió demasiado el cuerpo, sí he de reconocer que el aumento desbordante del tamaño de mis pechos con la subida de la leche fue algo inquietante.
Además, durante los primeros meses llegué a sentirme como un mero recipiente de leche para el bebé, su biberón particular.
Y aunque se supone que el cuerpo va recuperándose poco a poco, he de reconocer que estos cambios me obligaron a percatarme de que no siempre somos dueños de nuestro propio cuerpo, y éste puede jugarnos malas pasadas.
En cuanto a la dieta y el gimnasio…



Imagen: Pexels

La primera no es conveniente si estás amamantando, de hecho es justo al contrario, jamás en mi vida había comido tanto ni con tanta ansiedad.
Y en cuanto al segundo, ¿es que no hago ya bastante ejercicio meciendo al renacuajo y bailando con él en brazos por toda la casa habiendo dormido sólo 3 horas?

Pues eso.

¿Estás de acuerdo con estos cambios? ¿Añadirías alguno más? Cuéntanoslo, te escuchamos.

¡Feliz semana!

domingo, 29 de julio de 2018

La vida (no) sigue igual (1ª parte)

Cuando te quedas embarazada todo el mundo (principalmente los que ya son Superpapis) te dice: “Ya verás cómo te cambia la vida”.

Pues efectivamente, al contrario de lo que canta Julio Iglesias, la vida NO sigue igual. 

Todo cambia desde el mismo momento en el que aparecen las rayitas moraditas en el test de embarazo.

Tener un bebé significó para nosotros darle un giro completo a nuestro mundo. Nos puso patas arriba y lo revolvió todo a nuestro alrededor.
Pero vamos por partes.


1.    Tus sentimientos y emociones


Tu perspectiva de las cosas cambia por completo, y algunas ideas que antes tenías totalmente asumidas, ahora ya no las ves tan claras.
Nosotros por ejemplo, estábamos convencidos de que el duendecillo no vería dibujos en la tablet hasta que no fuera más mayor (quizá un año o año y medio). Sin embargo, nos venció la necesidad, ya que cada vez que el peque subía al coche era una tortura, y descubrimos que las canciones infantiles con dibujitos lo dejaban hipnotizado. Así que, sintiéndolo mucho, antes de subir al coche ya tenemos el móvil preparado para que nuestro trayecto sea un poco más tranquilo.
Por otra parte, como Supermami, he experimentado sentimientos encontrados.
En primer lugar, la melancolía por la barriguita del embarazo, frente a la plenitud de tener a ese bomboncito entre mis brazos. 
En segundo lugar, me siento tan vulnerable y tan poderosa a la vez... Vulnerable porque me asaltan innumerables temores acerca de cualquier cosa mala que le podría pasar a mi duendecillo. Y poderosa porque puedo afirmar con absoluta certeza que lo defenderé con uñas y dientes hasta la muerte. Sí, como una madre coraje, jeje. De hecho ya lo siento cuando alguien a quien no conocemos de nada se acerca y pretende tocarlo… me pongo frenética, y a Superpapi le ocurre exactamente lo mismo.
También me invade la nostalgia, cuando me doy cuenta de cómo va creciendo y cambiando día a día, y lo que me cuesta recordar lo diminuto que era hace apenas unos meses. Superpapi y yo intentamos disfrutarlo al máximo, porque sabemos que cada momento con él es irrepetible, que pasa y ya no vuelve.
Comentario aparte merece el nivel de agotamiento que alcanzamos, con el cual consigues seguir adelante a pesar de todo, atendiéndole un día tras otro.

En definitiva, se puede decir que durante una temporada vives en una montaña rusa emocional.



2.    La relación con tus padres


Imagen: Pexels

Después de tener un bebé empiezas a ver a tus padres con otros ojos. Te das cuenta de todo lo que han vivido contigo y por ti. Los comprendes y respetas más que nunca (aunque a veces también te sacan de tus casillas). 
Además, no puedes evitar pensar en lo mucho que vas a sufrir a partir de ahora, al recordar que tú ya hiciste sufrir a tus padres cuando te ponías enferma, cuando salías de marcha hasta tarde, cuando les contestabas o discutías con ellos, etc.
Entonces otorgas un valor incalculable a la paciencia infinita que han tenido contigo previamente, y sientes una profunda gratitud hacia ellos. Porque ahora eres plenamente consciente de todo lo que serían capaces de hacer por ti.


3.    Los amigos


Tu relación con los amigos cambia también, aunque es algo distinto según si ellos también tienen hijos o no.
En principio, las cenas las dejamos para más adelante, cuando el duendecillo sea más mayor y podamos dejarlo tranquilamente en casa de los abuelos por la noche, o llevárnoslo con nosotros.
Por otra parte, también empiezas a comprender mucho mejor a tus amigas que ya son madres. De hecho, me di cuenta de que quizá podía haberme ofrecido más para echar una mano, pero en lugar de eso reduje mis visitas para no estorbar demasiado.
Aunque he de reconocer que nosotros durante los primeros meses, entre el agotamiento y la casa patas arriba, preferíamos no recibir visitas, más que nada para intentar aprovechar lo pequeños ratitos que nos dejaba el peque para comer, ducharnos o simplemente echar una siestecita.
Las conversaciones tampoco son las mismas. Yo, que me prometí a mí misma que no sería una Supermami pesada, me escucho hablando del monotema: el duendecillo. Si alguien sabe cómo se para esto, que me lo diga, por favor.



Estas son algunas de las cosas que cambian cuando tienes un bebé, pero no son todas. En el siguiente post añadiré algunas más.


De momento, ¿estás de acuerdo con nuestro listado? Comparte tu experiencia con nosotros, estamos deseando conocerla.

¡Feliz semana!

miércoles, 9 de agosto de 2017

¡Felicidades, bebé! Ya has cumplido un añito

Por fin el Duendecillo ha cruzado la barrera de los 12 primeros meses fuera de la barriguita.
Doce meses cargados de ilusión, e inundados de dudas, noches en vela, preocupaciones, y algún que otro sustillo.

Pero sobre todo... Doce meses repletos de amor y felicidad.



Ahora ya sabemos lo que es darlo todo durante el día después de haber dormido apenas dos horas.
Ahora ya podemos cambiar un pañal o preparar un biberón con los ojos cerrados porque no hay manera de despegar los párpados.
Ahora ya sabemos lo que es sentir que te ha pasado un camión por encima y salir a trabajar con una enorme sonrisa de felicidad.
Ahora ya tenemos el récord de horas pasadas dormitando en el sillón balancín mientras el Duendecillo duerme plácidamente en nuestros brazos.
Ahora ya sabemos lo que es estar profundamente dormido y ser arrancado de golpe de tus sueños por un quejido, gemido, un llanto, una patada o un bofetón propinados por un pie o una mano diminutos.
Ahora vivimos sin conocer las noticias, viendo solamente los dibujos animados preferidos del peque.
Ahora sabemos lo que es no tener tiempo ni para ir al baño.
Ahora tenemos una vocecita aguda que nos acompaña a todas partes, y que además siempre consigue arrancarnos una sonrisa.
Ahora ya somos capaces de distinguir los distintos tipos de llanto que tiene el enano (¡por fin!).
Ahora ya tenemos plena confianza en nuestro propio instinto, al margen de lo que nos recomiende la pediatra (no sobre temas de salud, claro, pero sí sobre otros temas como su alimentación, sus cuidados diarios, etc). No obstante,confiamos plenamente en los consejos de nuestra pediatra.
Ahora ya sabemos de verdad lo que han lidiado nuestros amigos y conocidos que ya eran padres, pero sobre todo lo que han lidiado antes que nosotros nuestros propios padres, y sus padres antes que ellos, con mucha menos información, y con muchísimo menos apoyo y comprensión.

Muchas gracias a todos los Superabuelos por estar ahí siempre que pueden.


Pero por encima de todas las cosas, ahora ya conocemos de primera mano lo que significa tener el corazón rebosante de amor.... Con solo una mirada, una sonrisa dedicada, un abrazo cargado de confianza, o una risa fortuita provocada en sueños.

Ahora ya lo sabemos.



Ha sido un camino largo y difícil, pero lo hemos recorrido juntos.
Ha quedado patente que aunque recibamos mucha ayuda, existen determinadas ocasiones y situaciones en las que las Supermamis y los Superpapis se encontrarán solos ante el peligro, y no habrá nada que pueda aliviarles la carga. Supongo que es una cuestión de la Naturaleza. Cada uno debe lidiar sus propias batallas solo. 
Únicamente así aprendemos y nos fortalecemos más.

Pues sí, ya ha pasado un año enterito. Doce meses con todos sus días.
Diría que ha sido largo, pero no es cierto. Se ha pasado volaaaaaaaaando.

365 días. Y cada uno de ellos hemos aprendido algo.

Sobre el pequeñajo, por supuesto, sobre nosotros, y sobre la gente que nos rodea.
Hemos aprendido un montón de cosas sobre bebés, hemos aprendido donde están nuestros límites, y a tener muuuuuucha paciencia con las personas de nuestro entorno.
Todo el mundo te da infinidad de consejos, y aunque sabemos que se dan con toda la buena intención, hemos aprendido a distinguir los que de verdad interesa seguir de los que es mejor olvidar.
Podría escribir mil cosas más, pero no quería prolongar mucho este post, aunque ya sabéis que un año da para muchísimo.


viernes, 19 de mayo de 2017

Todos somos... ¿hermanos?

Esta semana algunos medios de comunicación (hablo de la radio, no sé si en la tele han dicho algo) se han hecho eco de un descubrimiento bastante interesante.
Resulta que unos científicos de la universidad de Harvard (nada menos) han estado analizando un hueso encontrado en una cueva belga. En concreto el húmero de un homínido que vivió hace unos 30.000 años más o menos en Bélgica. Además, han comparado el ADN de este hueso con el de personas de 21 países europeos. La conclusión es la siguiente:

Todos los europeos descendemos de este homínido belga.

¿TODOS?

Sí, yo también me hice la misma pregunta. TODOS es una palabra muy grande. Entonces explicaron que al parecer, la tribu de este "hombre" se vio obligada a desplazarse de su lugar de residencia debido a las glaciaciones, y como consecuencia, fueron trasladándose a lo largo del territorio europeo. Se supone que en dichos traslados los miembros de esta tribu se irían encontrando con otros clanes, y por lo tanto es lógico pensar que se relacionarían con dichos clanes, con todo lo que eso supone.

Todo esto nos lleva a deducir que entonces los que vivimos más al sur (en concreto en España) tenemos  más probabilidades de poseer un ADN bastante combinado, teniendo en cuenta todos los territorios que recorrerían esos clanes hasta llegar a nuestro país.

También el descubrimiento de este ser humano me hizo pensar que tal vez nos encontramos ante la personificación de Abraham o Matusalén, personajes de la Biblia que, según cuenta la misma, vivieron muchísimos años y tuvieron muchisísisimos hijos y nietos. ;)

Pero dejando a un lado el aspecto religioso, esta misma noticia me hizo recordar también un vídeo que corría por el wasap hace un tiempo. En realidad era un anuncio de una empresa de viajes, pero hablaba precisamente de eso, del mapa de nuestro ADN. 
En el vídeo se explica cómo se somete a un grupo de voluntarios a la prueba del ADN, para descifrar de qué países provienen sus antepasados. Y la verdad es que fue bastante revelador, más para unos que para otros.
A mí me encantó, por todo lo que supone, especialmente por esa idea de que al final estamos todos más conectados de lo que creemos, y que siempre deberíamos pensar en los demás como si fueran nuestros hermanos y hermanas. 
Como Superpapis, a nosotros nos encantaría que el Duendecillo creciera en un mundo donde no hubiera odios irracionales, basados en los prejuicios, y que la gente tuviera la mente mucho más abierta de lo que la tenemos ahora mismo, que fuéramos conscientes de que son más las cosas que nos unen que las que nos separan.

Aquí os dejo el link de uno de los vídeos, porque sinceramente creo que vale la pena verlo. Espero que lo disfrutéis tanto como nosotros. Y si os despierta la curiosidad, en youtube están todos los demás.

 


Os deseo un feliz fin de semana, hermanos. ;) XXX

lunes, 8 de mayo de 2017

¡Feliz día, papá! ¡Feliz día, mamá!

Como se puede ver al leer el título, en este post he unido dos celebraciones: la del día del Padre (19 de Marzo) y la del día de la Madre (7 de Mayo).

Celebrando el primer día del Padre

Al mismo tiempo que vivimos por primera vez las Fallas de Valencia con el Duendecillo, también Superpapi tuvo un día muy especial, ya que celebró su primer día del Padre.

Ese día nos levantamos tempranito, como de costumbre ;), y preparamos el desayuno. Cuando Superpapi fue a sentarse en su silla, tropezó con sus regalos :)))).
Lo primero era una caja de Suavinex que habíamos recogido en la farmacia, y por la que él llevaba varios días dándome la paliza... ¡Estaba empeñado en saber lo que era!
Por fin lo abrió y encontró dos chupetes para el peque con mensajito: TE QUIERO PAPÁ.
 ¡Y a Superpapi se le caía la baba!

Otro regalo fue el libro El cerebro del niño explicado a los padres, del Dr. Álvaro Bilbao. Aunque en realidad este regalo es un poco para los dos, ya que lo elegí con el fin de que nos ayude en la crianza y educación del Duendecillo.


Y por último, le regalamos el pequeñajo y yo un montaje con fotografías de ellos dos desde que el Duendecillo nació hasta la fecha. ¡Y ahí sí que le cayó la baba!

Celebrando el primer día de la Madre

El domingo 7 de Mayo celebramos el día de la Madre. 
Al igual que el día del Padre, nos levantamos prontito y preparamos el desayuno, y en la mesa estaban esperando mis regalitos.

Por una parte, un bolso bandolera que había visto hace tiempo y me gustó, y no me lo había cogido porque desde que nació el Duendecillo sólo llevo mochila, pero Superpapi insistió en que ya era hora de cambiar de bolso ;b.


Y por otro lado, también recibí un regalo que es en parte para mí y en parte para el renacuajo, ya que es un collar de lactancia y dentición. Está muy chulo, y me encantó.
Había estado viéndolos por internet pero no me acababa de decidir, y la verdad es que va bastante bien, al Duendecillo le gusta y yo puedo combinarlo con distintos modelos de ropa, ya que tiene colores bastante vistosos y combinables.


Por lo general, nos gusta celebrar los días especiales, nos hace mucha ilusión que llegue el día señalado y hacer la fiesta, aunque también somos totalmente partidarios de las muestras de cariño diarias, demostrarnos a menudo que nos queremos.
Somos conscientes de que los pequeños gestos son los más importantes, y esperamos que el Duendecillo lo aprenda así.