Superpapis de Corazón

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lunes, 7 de octubre de 2019

...Y lo sueños, SUEÑOS SON

¡Hola Superpapis! ¿Cómo estáis? Esta semana hablamos de los sueños... Esperamos que os guste.

Durante el embarazo tenía muchos sueños curiosos. Algunos eran bonitos, otros extraños o inquietantes, y algunos eran recurrentes.

Hay quien dice que los sueños reflejan nuestros miedos, nuestros deseos, etc. Supongo que algo de verdad hay en todo eso, y de hecho muchas veces me he apuntado algún sueño especialmente extraño para analizarlo. Normalmente he encontrado algún sentido a la explicación de sus símbolos.

No voy a pararme a analizarlos, pero sí que deseaba compartir uno en concreto que resultó bastante acertado.

Desde siempre he tenido claro que cuando tuviese un hijo le daría el pecho. Pues bien, mientras estaba embarazada, soñé en varias ocasiones con mi renacuajo mamando de manera apacible.
Lo curioso del caso es que en ningún momento de mi embarazo imaginé cómo sería la cara o el perfil de mi bebé de manera consciente. Sin embargo, cuando tenía este sueño, recordaba cada detalle de su rostro y de su cabeza a la perfección.

Después de tener una APP (Amenaza de Parto Prematuro) en la semana 26 de la gestación, me recomendaron reposo absoluto. Y durante ese tiempo empecé a elaborar un scrapbook del pequeñajo, para recordar todos los momentos más importantes del proceso. De esta manera, se me ocurrió incluir un dibujo del Duendecillo con un sombrerito azul en la cabeza, que simbolizaba el pesario que me habían puesto para impedir que siguiera empujando. 

Una vez nació el chiquitín (que igualmente se adelantó un mes y medio), todo esto se me olvidó.

Pero de repente, un día, estaba dándole de mamar, y cuando bajé la vista para observarlo, me di cuenta de que estaba presenciando la misma imagen que había visto en mi sueño. Exactamente igual. El bebé era tal y como lo había imaginado en mi sueño. Se lo comenté a Superpapi, y nos quedamos los dos con la historia como una anécdota más de nuestra aventura paterna.

Sin embargo, pasados unos meses, estábamos el pequeñajo y yo sentados en el suelo, y de repente lo vi igual que el dibujo que había esbozado cuando aún estaba embarazada. Fui corriendo a buscarlo y se lo enseñé a Superpapi. Los dos lo miramos alucinados, porque se parecía bastante al niño que teníamos delante. Es cierto que cuando hice ese dibujo me inspiré viendo fotografías de bebés rollizos en internet, y a estas edades todos los bebés se parecen bastante, pero no deja de ser curioso que se pareciese tanto.
¡Qué puedo decir!

La mente es maravillosa.

Montaje: ReneeMB


¿Tu has vivido alguna experiencia similar? Cuéntanoslo en los comentarios.

¡Feliz semana!

jueves, 21 de febrero de 2019

La vida es SUEÑO...



Dormir, dormir, dormir...

Imagen: Pexels.com
Montaje: ReneeMB


Eso es lo que deseamos la mayoría de padres primerizos (o de padres, en general ;)).


En mi caso, es algo especial.


Los que me conocen saben que siempre he sido muy dormilona, y lo que más temía antes de que naciera el Duendecillo era precisamente eso: quedarme profundamente dormida y no conseguir escucharlo cuando me necesitara en mitad de la noche.


Por suerte, eso no llegó a ocurrir durante los primeros meses de vida del pequeñajo. Está claro que nuestro cerebro está perfectamente programado para criar a un bebé. Algo dentro de nuestra cabeza hace "CLIC", y de repente no necesitas dormir más de dos horas seguidas.


Aun así, van pasando los meses entre pañales, arrullos, biberones o pechitos (o ambos), siestas... y el cansancio se va acumulando en tu cuerpo.


Sin embargo, sigues levantándote a altas horas de la noche a consolar al chiquitín porque está llorando.



Está claro que la Naturaleza es sabia, y seamos como seamos, estamos hechos para cuidar de nuestra descendencia. Tanto las mamás como los papás, sin distinción.


Digo esto porque Superpapi también se levantaba a altas horas de la noche. Sobre todo a partir de mi reincorporación al trabajo, para que yo pudiera descansar.


De hecho, él pasa muchas más horas con el Duendecillo que yo. De manera que forma parte de toda esa generación de Superpapis implicados al 100% en la crianza de sus hijos.


Cuando estás embarazada, ya desde el principio, el cansancio se apodera de tu cuerpo de tal forma, que parece que lleves un oso abrazado a tu espalda todo el tiempo.


La gente te dice: “Aprovecha para dormir ahora todo lo que puedas, porque cuando nazca el bebé será imposible.”


El problema es que nadie te dice que cuando tu barriga empieza a parecerse a un balón, eso ya no es tan fácil. Te sientes pesada, si te mueves te molesta. También te molesta cuando no te mueves…


En ambos embarazos llegó un momento que tenía que dormir en el sofá, casi sentada y con un montón de almohadones, porque no soportaba estar tumbada en la cama. Además, cuando conseguía tener una postura más o menos cómoda para descansar, entonces eran los pequeñajos quienes empezaban el bailoteo para acomodarse.


A todo esto, he de sumar mis desvelos. Oh, sí, porque encontrar la postura óptima no es el único problema. También hay que conseguir que venga el sueño. Cosa que muchas veces se resistía a aparecer. Supongo que en parte debido a las preocupaciones sobre que el bebé llegara bien, en parte por el nerviosismo que se va acumulando conforme se aproxima la fecha del parto, y otras cosas más…

De esta manera, durante las últimas semanas de embarazo es casi imposible descansar como es debido.



Por otra parte, una vez ha nacido el bebé, también te sugieren que duermas cuando él o ella lo haga. Lo que no te dicen es que mientras el bebé duerma, tú has de aprovechar para ducharte, comer, hacer la colada, preparar la comida, limpiar la casa, y un montón de tareas más. A veces puedes demorarlas y darte un descanso. Sobre todo si tienes ayuda, de Superpapi o de otra persona.


Pero eso es tema para otro post.


¿Qué opinas, tú podías dormir al final de tu embarazo? Puedes explicar tu experiencia en los comentarios.


¡Feliz semana!





domingo, 26 de agosto de 2018

La vida (no) sigue igual (2ª parte)

Como ya dije en el post anterior, cuando tienes un hijo la vida te da un vuelco, y cambian muchas cosas. Además de las que ya comenté, encontramos otras.

 4    La pareja


Siguiendo el consejo que nos dieron varias personas, Superpapi y Supermami teníamos claro que no íbamos a descuidar la pareja.
Sin embargo, eso es más fácil de decir que de hacer. Durante los primeros meses lo veíamos tan chiquitín, tan frágil, que nos invadía la sensación de que lo estábamos abandonando si lo dejábamos con otra persona. De hecho, un par de veces que lo dejamos con su abuela para ir a hacer recados nos sentíamos súperextraños sin el peque, nos faltaba algo, y tardábamos el menor tiempo posible para volver pronto junto a él.
Por otra parte, a los dos nos sucede que en realidad, cualquier plan que hagamos, nos apetece compartirlo con el chiquitín. Si salimos a cenar, ¿por qué no va a venir con nosotros? Si planeamos una excursión o una escapada, o ir a ver las Fallas, ¿por qué se tendría que quedar en casa?
Si estamos deseando que sea más mayor para visitar castillos, parques temáticos y demás.
Así que, de momento, hemos ido posponiendo los planes de pareja para cuando sea un poquito más mayor…

5.    La casa


Aunque Superpapi es bastante más ordenado que Supermami (yo soy un poquito caótica), cuando llega un bebé la casa se vuelve una auténtica leonera, y en nuestro caso más todavía, ya que el duendecillo se adelantó mes y medio y por tanto no nos dio tiempo a preparar del todo su llegada.
Por otra parte, yo me he vuelto algo más ordenada. Quizá tengo el síndrome del nido con retraso, ya que como ya he comentado no tuve la ocasión en su momento, y me paso el día ordenando su ropita y sus cositas (ya hablaré en otro post de su ropita).  Aun así, la casa está siempre patas arriba. Y como le digo a Superpapi, “Esto no es nada, espera a que empiece a caminar y a esparcir sus juguetes por todas partes”.


6.    El mundo de los niños


En tu cabeza ya no entra sólo tu hijo, sino que te solidarizas con todas las madres, te sientes MADRE/PADRE con mayúsculas, en el más amplio sentido de la palabra.
De hecho yo ya me sentía un poco así antes, debido a mi profesión, pero esta necesidad de proteger a todos los niños del mundo se ha disparado, desarrollándose a una escala muy superior.
Ya me lo dijo otra Supermami, que ella durante el embarazo no soportaba ver las noticias.
Bueno, a mí ya me ocurría algo parecido, se me ponían los pelos de punta al escuchar alguna atrocidad cometida sobre algún niño. Pero ahora es mucho más fuerte. Se me encoge el corazón, un quemazón atenaza mi garganta, y efectivamente entiendo que  haya padres capaces de matar (por sus hijos, claro).
Sobre todo me pongo en la piel de esos Superpapis, porque ahora sí que comprendo ese sufrimiento en toda su extensión.

7.    Tu cuerpo


Aunque hable de él en último lugar, es uno de los primeros cambios que experimentamos las Supermamis.
A pesar de que a mi no me cambió demasiado el cuerpo, sí he de reconocer que el aumento desbordante del tamaño de mis pechos con la subida de la leche fue algo inquietante.
Además, durante los primeros meses llegué a sentirme como un mero recipiente de leche para el bebé, su biberón particular.
Y aunque se supone que el cuerpo va recuperándose poco a poco, he de reconocer que estos cambios me obligaron a percatarme de que no siempre somos dueños de nuestro propio cuerpo, y éste puede jugarnos malas pasadas.
En cuanto a la dieta y el gimnasio…



Imagen: Pexels

La primera no es conveniente si estás amamantando, de hecho es justo al contrario, jamás en mi vida había comido tanto ni con tanta ansiedad.
Y en cuanto al segundo, ¿es que no hago ya bastante ejercicio meciendo al renacuajo y bailando con él en brazos por toda la casa habiendo dormido sólo 3 horas?

Pues eso.

¿Estás de acuerdo con estos cambios? ¿Añadirías alguno más? Cuéntanoslo, te escuchamos.

¡Feliz semana!

domingo, 29 de julio de 2018

La vida (no) sigue igual (1ª parte)

Cuando te quedas embarazada todo el mundo (principalmente los que ya son Superpapis) te dice: “Ya verás cómo te cambia la vida”.

Pues efectivamente, al contrario de lo que canta Julio Iglesias, la vida NO sigue igual. 

Todo cambia desde el mismo momento en el que aparecen las rayitas moraditas en el test de embarazo.

Tener un bebé significó para nosotros darle un giro completo a nuestro mundo. Nos puso patas arriba y lo revolvió todo a nuestro alrededor.
Pero vamos por partes.


1.    Tus sentimientos y emociones


Tu perspectiva de las cosas cambia por completo, y algunas ideas que antes tenías totalmente asumidas, ahora ya no las ves tan claras.
Nosotros por ejemplo, estábamos convencidos de que el duendecillo no vería dibujos en la tablet hasta que no fuera más mayor (quizá un año o año y medio). Sin embargo, nos venció la necesidad, ya que cada vez que el peque subía al coche era una tortura, y descubrimos que las canciones infantiles con dibujitos lo dejaban hipnotizado. Así que, sintiéndolo mucho, antes de subir al coche ya tenemos el móvil preparado para que nuestro trayecto sea un poco más tranquilo.
Por otra parte, como Supermami, he experimentado sentimientos encontrados.
En primer lugar, la melancolía por la barriguita del embarazo, frente a la plenitud de tener a ese bomboncito entre mis brazos. 
En segundo lugar, me siento tan vulnerable y tan poderosa a la vez... Vulnerable porque me asaltan innumerables temores acerca de cualquier cosa mala que le podría pasar a mi duendecillo. Y poderosa porque puedo afirmar con absoluta certeza que lo defenderé con uñas y dientes hasta la muerte. Sí, como una madre coraje, jeje. De hecho ya lo siento cuando alguien a quien no conocemos de nada se acerca y pretende tocarlo… me pongo frenética, y a Superpapi le ocurre exactamente lo mismo.
También me invade la nostalgia, cuando me doy cuenta de cómo va creciendo y cambiando día a día, y lo que me cuesta recordar lo diminuto que era hace apenas unos meses. Superpapi y yo intentamos disfrutarlo al máximo, porque sabemos que cada momento con él es irrepetible, que pasa y ya no vuelve.
Comentario aparte merece el nivel de agotamiento que alcanzamos, con el cual consigues seguir adelante a pesar de todo, atendiéndole un día tras otro.

En definitiva, se puede decir que durante una temporada vives en una montaña rusa emocional.



2.    La relación con tus padres


Imagen: Pexels

Después de tener un bebé empiezas a ver a tus padres con otros ojos. Te das cuenta de todo lo que han vivido contigo y por ti. Los comprendes y respetas más que nunca (aunque a veces también te sacan de tus casillas). 
Además, no puedes evitar pensar en lo mucho que vas a sufrir a partir de ahora, al recordar que tú ya hiciste sufrir a tus padres cuando te ponías enferma, cuando salías de marcha hasta tarde, cuando les contestabas o discutías con ellos, etc.
Entonces otorgas un valor incalculable a la paciencia infinita que han tenido contigo previamente, y sientes una profunda gratitud hacia ellos. Porque ahora eres plenamente consciente de todo lo que serían capaces de hacer por ti.


3.    Los amigos


Tu relación con los amigos cambia también, aunque es algo distinto según si ellos también tienen hijos o no.
En principio, las cenas las dejamos para más adelante, cuando el duendecillo sea más mayor y podamos dejarlo tranquilamente en casa de los abuelos por la noche, o llevárnoslo con nosotros.
Por otra parte, también empiezas a comprender mucho mejor a tus amigas que ya son madres. De hecho, me di cuenta de que quizá podía haberme ofrecido más para echar una mano, pero en lugar de eso reduje mis visitas para no estorbar demasiado.
Aunque he de reconocer que nosotros durante los primeros meses, entre el agotamiento y la casa patas arriba, preferíamos no recibir visitas, más que nada para intentar aprovechar lo pequeños ratitos que nos dejaba el peque para comer, ducharnos o simplemente echar una siestecita.
Las conversaciones tampoco son las mismas. Yo, que me prometí a mí misma que no sería una Supermami pesada, me escucho hablando del monotema: el duendecillo. Si alguien sabe cómo se para esto, que me lo diga, por favor.



Estas son algunas de las cosas que cambian cuando tienes un bebé, pero no son todas. En el siguiente post añadiré algunas más.


De momento, ¿estás de acuerdo con nuestro listado? Comparte tu experiencia con nosotros, estamos deseando conocerla.

¡Feliz semana!

viernes, 30 de diciembre de 2016

El primer saludo de mi bebé

Cuando me puse de parto de mi duendecillo estaba tan concentrada en la labor de empujar, que no era consciente de todas las cosas que iban sucediendo a mi alrededor. Creo que mi cerebro elaboró una especie de túnel a través del cual sólo me llegaban dos voces: la de Superpapi diciéndome que lo estaba haciendo bien, y la de la matrona gritándome: “¡Cágate, cágate!”

Sí, lo habéis leído bien, me decía que me hiciera popó allí en medio, como si nada, porque según ella, los empujones al parir consisten en hacer la misma fuerza que cuando hacemos nuestras necesidades.

Fue al cabo de unos días cuando empezaron a aparecer y organizarse en mi mente las imágenes que había presenciado. Eran retazos a modo de fotogramas de lo que había vivido durante aquellas horas en la sala de nacimientos (me gusta llamarla así).
Recordé al grupo de jóvenes pediatras que esperaban la llegada de mi duendecillo para poder examinarlo (el pequeñajo fue prematuro y debían asegurarse de que no necesitaba incubadora). Rememoré también el ajetreo de  las matronas, corriendo de una sala a otra, ya que esa noche nos pusimos varias mamás de parto al mismo tiempo (según algunas creencias, parece ser que la luna llena de agosto tuvo algo que ver en eso).
Pero por encima de todo eso, recuerdo cómo cogieron a mi bebé y me lo colocaron sobre la barriga, unido todavía a mí mediante el cordón umbilical, aunque sólo fue durante unos segundos.
Una vez terminó todo, mientras la matrona preparaba nuestro traslado a la habitación y Superpapi había salido afuera a informar a nuestras familias de cómo había ido todo, nos quedamos solos el peque y yo, cada uno en su propia cama.
En ese espacio de silencio miré a mi izquierda y vi el diminuto bultito plateado que era mi bebé (estaba enrollado con la manta térmica), inmóvil, y le llamé: “¡Bebé… bebé…! ¿estás ahí?” Y puede parecer una tontería, o una locura, pero mi duendecillo levantó el brazo, golpeando la manta, como respondiendo a mi llamada, como si hubiera reconocido mi voz y estuviera hablando con su cuerpo: “Estoy aquí, mami.”
Por unos instantes me embargó la emoción.




Seguro que muchas Supermamis tienen algún recuerdo similar.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Elige una canción

Cuando estaba embarazada, una compañera del trabajo me dijo: “Elige una canción que te dé buen rollo y pónsela ahora, durante el embarazo, con unos auriculares, uno en la barriga y el otro en tu oreja, para que la escuche y le lleguen también tus buenas vibraciones. Y cuando nazca y tengas que enfrentarlo a situaciones nuevas (subirlo al coche, bañarlo…) le pones la canción, y como la recordará, se calmará.”
Le agradecí el consejo y se lo sigo agradeciendo, pero pensé: “¿Sólo una canción? ¿Y cuál elijo?”       No lo sabía… hay tantas posibilidades…  

Entonces empecé a revisar la selección que habíamos hecho Superpapi y yo para nuestra boda el año anterior (el duendecillo nació un año y tres meses después de casarnos). Elegí “La vida es bella” cantada por Noa. Por su parte, Superpapi lo tuvo muy claro desde el principio: le ponía a todas horas Nightwish, Hammerfall y Metallica.

El caso es que cuando nació el pequeñajo sí es cierto que las primeras veces fueron difíciles, tanto para él como para nosotros: el primer baño, el primer viaje en coche, la primera noche en casa… Le pusimos las canciones pero al principio él siguió llorando durante unos días, de manera que pensábamos que no estaba funcionando.

Sin embargo, eso fue al principio, porque poco a poco empezó a funcionar de verdad, sólo que no como nosotros nos habíamos imaginado. El duendecillo tenía sus propios gustos.
Durante el embarazo empezamos a escuchar canciones de Shakira (sobre todo “Mi verdad”, con Maná) y de Juanes, en concreto “Tu enemigo”, que canta junto a Pablo López. De esta manera, cuando estábamos ya en casa, mientras lo tenía en brazos para dormirlo le ponía la canción en Youtube. Lo que ocurría era que como no podía elegir otra canción por tener las manos ocupadas, el programa  realizaba la reproducción automática, con lo se iban reproduciendo una tras otra las canciones de este gran artista, Pablo López, del que me he vuelto una fan.
Como consecuencia, después de varios días escuchando las mismas canciones una y otra vez, al final parece que el truco de la canción sí que funciona, sólo que es el bebé quien elige lo que quiere escuchar. Ironías de la vida, jeje.
Pincha en el enlace para ver los vídeos de Pablo López. Pablo López "El Mundo"

Aún así, sí que se duerme con la música de Superpapi, principalmente con las baladas de Nightwish, lo que me lleva a dudar si de verdad es la música o los brazos de papá, que arropan como ninguno, y son el mejor lugar para echar una siestecita. Puedes escuchar una de sus canciones en directo en el enlace.

Por otra parte, últimamente hemos descubierto que las canciones de Supersimple songs, las cuales ya conocía a través de mi trabajo (maestra de educación infantil con la capacitación en inglés) son milagrosas para entretenerlo durante un ratito, en concreto el ratito que va en el coche, o cuando se pone muy nervioso. Aquí tenéis el enlace a una recopilación de canciones de unos 50 minutos.

Ésta es una de esas cosas que Superpapi y yo teníamos claro que no íbamos a hacer hasta que fuera más mayor: ponerle vídeos en la tablet o el móvil. ¡Y hemos picado por completo! Pero cuando el peque está llorando desorbitado y no puedes hacer otra cosa para calmarle porque vas en el coche, los vídeos con dibujos son una opción muy socorrida.

Sea como sea, sí es un hecho constatado que “la música amansa a las fieras”.

domingo, 27 de noviembre de 2016

¿Engordar o no engordar?

Cuando estaba embarazada, o mejor dicho, cuando empezó a crecerme la barriguita, disfrutaba mirándome en el espejo.

Aunque no tengo problemas de sobrepeso, he de admitir que me aterraba la idea de que el embarazo provocara un aumento considerable del volumen de mi cuerpo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Durante el tiempo que duró el embarazo (34 semanas, el duendecillo fue prematuro) aumenté el peso justo, es decir, más o menos lo que suponía el peso del bebé con el líquido amniótico y la placenta, más probablemente algún quilito extra, pero poca cosa.

Por otra parte, durante el embarazo me sentía tan bien, que me encontraba mucho más guapa, resplandeciente, era como si me hubieran hecho un tratamiento intensivo de belleza. Y de hecho, la gente lo apreciaba y a menudo me lo decían.

Lo más curioso de todo esto era que mientras unas personas manifestaban de buen grado que me encontraban radiante, también me encontré con lo opuesto.

Una de las frases que más escuché fue: "Pues no has engordado tanto". Y en el fondo yo podía percibir que esa persona esperaba verme desbocada por todos los lados. 

De todas maneras, no me afectaba en absoluto, porque me encontraba demasiado ocupada disfrutando de mi estado.

También escuché en repetidas ocasiones la frase: "Ahora tienes que comer por dos". 
Vamos a ver, por mucho que quisiera, no me entra más comida de la que ya como, y no es precisamente cantidad suficiente para un regimiento, además, no me aumentó el apetito durante el embarazo, lo que significa que mi cuerpo tampoco necesitaba mucha más cantidad de la que ya ingería. Y de todas maneras, no creo que esa frase se refiera a que tienes que comer el doble, sino más bien a que has de comer con cabeza, porque estás alimentando una vida. Eso si que es más difícil, si no solías llevar una dieta equilibrada antes del embarazo. Pero en mi caso no tuve demasiado problema, ya que siempre he llevado una dieta basada en la mediterránea, con sus ensaladitas, sus carnes y pescados, y sus verduritas... 

Y SÍ, ¡PODÍA COMER JAMÓN SERRANO!



Cuando te conviertes en supermami o en superpapi tu vida da un giro de 360º y tus prioridades, tus ideales, toda la perspectiva que tenías de la vida se vuelca y se pone del revés. 
Y eso ya no termina nunca.
Por si os interesa, aquí dejo un enlace a un artículo de la página Baby Center:

¡Bienvenidos al mundo de los Superpapis!

domingo, 13 de noviembre de 2016

Estamos embarazados

Después de intentarlo durante algunos meses, parece que los astros se alinearon y por fin teníamos motivos para hacernos el test de embarazo.

Cuando fuimos a la farmacia a comprarlo, el farmacéutico nos dijo: "Fijaos bien, porque si se colorean las dos líneas, aunque sea muy clarito, seguramente será positivo".
Nos fuimos corriendo a casa, lo hicimos y nos quedamos plantados con el aparatito sobre el mueble del baño preparados para esperar pacientemente los 3 minutos que marcan las instrucciones... No fue necesario esperar tanto... En pocos segundos aquello empezó a ponerse morado como si lo hubiéramos pintado directamente con un rotulador.

Así que ya era una realidad, ¡Estábamos embarazados!


De repente nos inundó una oleada de sentimientos, alegría, dudas, miedo, esperanza....

Superpapi estaba loco de contento... y yo también. Sin embargo, aunque siempre me he considerado una persona decidida, entonces me encontré invadida por las dudas y los miedos, tanto, que Superpapi quería gritarlo a los cuatro vientos y yo no quería que lo supiera nadie, por si acaso, hasta que no pasara un tiempo prudencial. Por eso teníamos que mordernos la lengua cuando estábamos con nuestras familias.

De este modo, empezamos nuestra aventura, empapándonos de documentales sobre el tema (la colección En el vientre materno es muy recomendable, y el documental Bebés es especial, desprende una ternura que no se puede explicar).

Esperamos y esperamos. Superpapi se mordía las uñas por no poder contarlo... por eso y por los nervios, claro. Y yo me las mordía por la preocupación de que todo saliera bien.
Cuando por fin lo dijimos, comenzaron las felicitaciones, los abrazos, las anécdotas, los consejos, etc. Mi mejor amiga me dijo un día: "Ya verás, cuando empieces a notarlo, las primeras veces parecen gases, pero en realidad es el bebé, que se está moviendo, jeje".

Y tenía razón. Me acordé de ella inmediatamente.

Estaba tumbada en la cama, y me giré para recostarme sobre el otro lado. De repente, sentí como si unas burbujitas se movieran cruzando mi abdomen de parte a parte, y  a partir de ese momento fui totalmente consciente de que sí, efectivamente era cierto, tenía un ser vivo dentro de mí.

Se estaba creando una vida completa en mi interior.

Presentación

Hola, somos dos papás primerizos, que en nuestro corazón deseamos ser unos superpapis geniales.

Yo soy mami, maestra, escritora, hija, hermana, prima, tía... y un montón de cosas más.
Superpapi es papi, quiromasajista, ciclista, hijo, hermano, primo, tío... y otro montón de cosas más.

Desde que el peque llegó a nuestras vidas, nos iba rondando por la cabeza escribir sobre nuestra experiencia, ya que a nosotros nos ha servido mucho escuchar las experiencias de amigos y familiares para aprender a vivir con un bebé.
Ahora, la familia ha aumentado, y junto al Duendecillo tenemos a nuestra pequeña Hadita, que ha puesto nuestro mundo patas arriba.



Imágenes: RenéeMB con la aplicación
Powerpuff yourself
Montaje: RenéeMB aplicación Canva
En este blog iremos relatando nuestras vivencias y sentimientos acerca del embarazo y el nacimiento del Duendecillo y de la pequeña Hadita, con el fin de grabar todos esos recuerdos y poder contárselos algún día a nuestros pequeñajos.

Por otra parte, como mi profesión es mi pasión, he reservado un espacio en este blog para contar anécdotas que me ocurren en el día a día que comparto con mis niños en el aula. Todos esos niños que han dejado huella en mi corazoncillo de maestra, y que me han permitido participar un poquito de sus vidas.

Pero además, como Superpapi y yo somos unos apasionados del cine, las series y los libros, aprovecharemos también para comentar y analizar distintas producciones desde varios puntos de vista.

Todo lo que publicamos aquí es estrictamente nuestra opinión personal. En ningún caso nos apropiamos de artículos cuya autoría no nos pertenece. Sin embargo, si citamos algún artículo ajeno, citamos la fuente, y añadimos el enlace correspondiente.

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Esperamos que nos acompañéis en esta aventura y que la disfrutéis tanto como nosotros.