Superpapis de Corazón

Mostrando entradas con la etiqueta Paternidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Paternidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de agosto de 2018

La vida (no) sigue igual (2ª parte)

Como ya dije en el post anterior, cuando tienes un hijo la vida te da un vuelco, y cambian muchas cosas. Además de las que ya comenté, encontramos otras.

 4    La pareja


Siguiendo el consejo que nos dieron varias personas, Superpapi y Supermami teníamos claro que no íbamos a descuidar la pareja.
Sin embargo, eso es más fácil de decir que de hacer. Durante los primeros meses lo veíamos tan chiquitín, tan frágil, que nos invadía la sensación de que lo estábamos abandonando si lo dejábamos con otra persona. De hecho, un par de veces que lo dejamos con su abuela para ir a hacer recados nos sentíamos súperextraños sin el peque, nos faltaba algo, y tardábamos el menor tiempo posible para volver pronto junto a él.
Por otra parte, a los dos nos sucede que en realidad, cualquier plan que hagamos, nos apetece compartirlo con el chiquitín. Si salimos a cenar, ¿por qué no va a venir con nosotros? Si planeamos una excursión o una escapada, o ir a ver las Fallas, ¿por qué se tendría que quedar en casa?
Si estamos deseando que sea más mayor para visitar castillos, parques temáticos y demás.
Así que, de momento, hemos ido posponiendo los planes de pareja para cuando sea un poquito más mayor…

5.    La casa


Aunque Superpapi es bastante más ordenado que Supermami (yo soy un poquito caótica), cuando llega un bebé la casa se vuelve una auténtica leonera, y en nuestro caso más todavía, ya que el duendecillo se adelantó mes y medio y por tanto no nos dio tiempo a preparar del todo su llegada.
Por otra parte, yo me he vuelto algo más ordenada. Quizá tengo el síndrome del nido con retraso, ya que como ya he comentado no tuve la ocasión en su momento, y me paso el día ordenando su ropita y sus cositas (ya hablaré en otro post de su ropita).  Aun así, la casa está siempre patas arriba. Y como le digo a Superpapi, “Esto no es nada, espera a que empiece a caminar y a esparcir sus juguetes por todas partes”.


6.    El mundo de los niños


En tu cabeza ya no entra sólo tu hijo, sino que te solidarizas con todas las madres, te sientes MADRE/PADRE con mayúsculas, en el más amplio sentido de la palabra.
De hecho yo ya me sentía un poco así antes, debido a mi profesión, pero esta necesidad de proteger a todos los niños del mundo se ha disparado, desarrollándose a una escala muy superior.
Ya me lo dijo otra Supermami, que ella durante el embarazo no soportaba ver las noticias.
Bueno, a mí ya me ocurría algo parecido, se me ponían los pelos de punta al escuchar alguna atrocidad cometida sobre algún niño. Pero ahora es mucho más fuerte. Se me encoge el corazón, un quemazón atenaza mi garganta, y efectivamente entiendo que  haya padres capaces de matar (por sus hijos, claro).
Sobre todo me pongo en la piel de esos Superpapis, porque ahora sí que comprendo ese sufrimiento en toda su extensión.

7.    Tu cuerpo


Aunque hable de él en último lugar, es uno de los primeros cambios que experimentamos las Supermamis.
A pesar de que a mi no me cambió demasiado el cuerpo, sí he de reconocer que el aumento desbordante del tamaño de mis pechos con la subida de la leche fue algo inquietante.
Además, durante los primeros meses llegué a sentirme como un mero recipiente de leche para el bebé, su biberón particular.
Y aunque se supone que el cuerpo va recuperándose poco a poco, he de reconocer que estos cambios me obligaron a percatarme de que no siempre somos dueños de nuestro propio cuerpo, y éste puede jugarnos malas pasadas.
En cuanto a la dieta y el gimnasio…



Imagen: Pexels

La primera no es conveniente si estás amamantando, de hecho es justo al contrario, jamás en mi vida había comido tanto ni con tanta ansiedad.
Y en cuanto al segundo, ¿es que no hago ya bastante ejercicio meciendo al renacuajo y bailando con él en brazos por toda la casa habiendo dormido sólo 3 horas?

Pues eso.

¿Estás de acuerdo con estos cambios? ¿Añadirías alguno más? Cuéntanoslo, te escuchamos.

¡Feliz semana!

domingo, 29 de julio de 2018

La vida (no) sigue igual (1ª parte)

Cuando te quedas embarazada todo el mundo (principalmente los que ya son Superpapis) te dice: “Ya verás cómo te cambia la vida”.

Pues efectivamente, al contrario de lo que canta Julio Iglesias, la vida NO sigue igual. 

Todo cambia desde el mismo momento en el que aparecen las rayitas moraditas en el test de embarazo.

Tener un bebé significó para nosotros darle un giro completo a nuestro mundo. Nos puso patas arriba y lo revolvió todo a nuestro alrededor.
Pero vamos por partes.


1.    Tus sentimientos y emociones


Tu perspectiva de las cosas cambia por completo, y algunas ideas que antes tenías totalmente asumidas, ahora ya no las ves tan claras.
Nosotros por ejemplo, estábamos convencidos de que el duendecillo no vería dibujos en la tablet hasta que no fuera más mayor (quizá un año o año y medio). Sin embargo, nos venció la necesidad, ya que cada vez que el peque subía al coche era una tortura, y descubrimos que las canciones infantiles con dibujitos lo dejaban hipnotizado. Así que, sintiéndolo mucho, antes de subir al coche ya tenemos el móvil preparado para que nuestro trayecto sea un poco más tranquilo.
Por otra parte, como Supermami, he experimentado sentimientos encontrados.
En primer lugar, la melancolía por la barriguita del embarazo, frente a la plenitud de tener a ese bomboncito entre mis brazos. 
En segundo lugar, me siento tan vulnerable y tan poderosa a la vez... Vulnerable porque me asaltan innumerables temores acerca de cualquier cosa mala que le podría pasar a mi duendecillo. Y poderosa porque puedo afirmar con absoluta certeza que lo defenderé con uñas y dientes hasta la muerte. Sí, como una madre coraje, jeje. De hecho ya lo siento cuando alguien a quien no conocemos de nada se acerca y pretende tocarlo… me pongo frenética, y a Superpapi le ocurre exactamente lo mismo.
También me invade la nostalgia, cuando me doy cuenta de cómo va creciendo y cambiando día a día, y lo que me cuesta recordar lo diminuto que era hace apenas unos meses. Superpapi y yo intentamos disfrutarlo al máximo, porque sabemos que cada momento con él es irrepetible, que pasa y ya no vuelve.
Comentario aparte merece el nivel de agotamiento que alcanzamos, con el cual consigues seguir adelante a pesar de todo, atendiéndole un día tras otro.

En definitiva, se puede decir que durante una temporada vives en una montaña rusa emocional.



2.    La relación con tus padres


Imagen: Pexels

Después de tener un bebé empiezas a ver a tus padres con otros ojos. Te das cuenta de todo lo que han vivido contigo y por ti. Los comprendes y respetas más que nunca (aunque a veces también te sacan de tus casillas). 
Además, no puedes evitar pensar en lo mucho que vas a sufrir a partir de ahora, al recordar que tú ya hiciste sufrir a tus padres cuando te ponías enferma, cuando salías de marcha hasta tarde, cuando les contestabas o discutías con ellos, etc.
Entonces otorgas un valor incalculable a la paciencia infinita que han tenido contigo previamente, y sientes una profunda gratitud hacia ellos. Porque ahora eres plenamente consciente de todo lo que serían capaces de hacer por ti.


3.    Los amigos


Tu relación con los amigos cambia también, aunque es algo distinto según si ellos también tienen hijos o no.
En principio, las cenas las dejamos para más adelante, cuando el duendecillo sea más mayor y podamos dejarlo tranquilamente en casa de los abuelos por la noche, o llevárnoslo con nosotros.
Por otra parte, también empiezas a comprender mucho mejor a tus amigas que ya son madres. De hecho, me di cuenta de que quizá podía haberme ofrecido más para echar una mano, pero en lugar de eso reduje mis visitas para no estorbar demasiado.
Aunque he de reconocer que nosotros durante los primeros meses, entre el agotamiento y la casa patas arriba, preferíamos no recibir visitas, más que nada para intentar aprovechar lo pequeños ratitos que nos dejaba el peque para comer, ducharnos o simplemente echar una siestecita.
Las conversaciones tampoco son las mismas. Yo, que me prometí a mí misma que no sería una Supermami pesada, me escucho hablando del monotema: el duendecillo. Si alguien sabe cómo se para esto, que me lo diga, por favor.



Estas son algunas de las cosas que cambian cuando tienes un bebé, pero no son todas. En el siguiente post añadiré algunas más.


De momento, ¿estás de acuerdo con nuestro listado? Comparte tu experiencia con nosotros, estamos deseando conocerla.

¡Feliz semana!

miércoles, 9 de agosto de 2017

¡Felicidades, bebé! Ya has cumplido un añito

Por fin el Duendecillo ha cruzado la barrera de los 12 primeros meses fuera de la barriguita.
Doce meses cargados de ilusión, e inundados de dudas, noches en vela, preocupaciones, y algún que otro sustillo.

Pero sobre todo... Doce meses repletos de amor y felicidad.



Ahora ya sabemos lo que es darlo todo durante el día después de haber dormido apenas dos horas.
Ahora ya podemos cambiar un pañal o preparar un biberón con los ojos cerrados porque no hay manera de despegar los párpados.
Ahora ya sabemos lo que es sentir que te ha pasado un camión por encima y salir a trabajar con una enorme sonrisa de felicidad.
Ahora ya tenemos el récord de horas pasadas dormitando en el sillón balancín mientras el Duendecillo duerme plácidamente en nuestros brazos.
Ahora ya sabemos lo que es estar profundamente dormido y ser arrancado de golpe de tus sueños por un quejido, gemido, un llanto, una patada o un bofetón propinados por un pie o una mano diminutos.
Ahora vivimos sin conocer las noticias, viendo solamente los dibujos animados preferidos del peque.
Ahora sabemos lo que es no tener tiempo ni para ir al baño.
Ahora tenemos una vocecita aguda que nos acompaña a todas partes, y que además siempre consigue arrancarnos una sonrisa.
Ahora ya somos capaces de distinguir los distintos tipos de llanto que tiene el enano (¡por fin!).
Ahora ya tenemos plena confianza en nuestro propio instinto, al margen de lo que nos recomiende la pediatra (no sobre temas de salud, claro, pero sí sobre otros temas como su alimentación, sus cuidados diarios, etc). No obstante,confiamos plenamente en los consejos de nuestra pediatra.
Ahora ya sabemos de verdad lo que han lidiado nuestros amigos y conocidos que ya eran padres, pero sobre todo lo que han lidiado antes que nosotros nuestros propios padres, y sus padres antes que ellos, con mucha menos información, y con muchísimo menos apoyo y comprensión.

Muchas gracias a todos los Superabuelos por estar ahí siempre que pueden.


Pero por encima de todas las cosas, ahora ya conocemos de primera mano lo que significa tener el corazón rebosante de amor.... Con solo una mirada, una sonrisa dedicada, un abrazo cargado de confianza, o una risa fortuita provocada en sueños.

Ahora ya lo sabemos.



Ha sido un camino largo y difícil, pero lo hemos recorrido juntos.
Ha quedado patente que aunque recibamos mucha ayuda, existen determinadas ocasiones y situaciones en las que las Supermamis y los Superpapis se encontrarán solos ante el peligro, y no habrá nada que pueda aliviarles la carga. Supongo que es una cuestión de la Naturaleza. Cada uno debe lidiar sus propias batallas solo. 
Únicamente así aprendemos y nos fortalecemos más.

Pues sí, ya ha pasado un año enterito. Doce meses con todos sus días.
Diría que ha sido largo, pero no es cierto. Se ha pasado volaaaaaaaaando.

365 días. Y cada uno de ellos hemos aprendido algo.

Sobre el pequeñajo, por supuesto, sobre nosotros, y sobre la gente que nos rodea.
Hemos aprendido un montón de cosas sobre bebés, hemos aprendido donde están nuestros límites, y a tener muuuuuucha paciencia con las personas de nuestro entorno.
Todo el mundo te da infinidad de consejos, y aunque sabemos que se dan con toda la buena intención, hemos aprendido a distinguir los que de verdad interesa seguir de los que es mejor olvidar.
Podría escribir mil cosas más, pero no quería prolongar mucho este post, aunque ya sabéis que un año da para muchísimo.


viernes, 10 de febrero de 2017

¿Quién dijo miedo(s)? (1ª parte)

Cuando eres papá o mamá te asaltan las dudas y los miedos, sobre todo si eres primerizo.

Aunque en nuestra experiencia, la palabra miedo se queda corta, yo prefiero utilizar la palabra TERRORES. Todo nos daba pavor.




Principalmente los primeros meses, cuando el bebé se pone a llorar y no sabes qué le pasa, lo pruebas todo para calmarlo pero él sigue llorando sin consuelo. Esa sensación es desgarradora, te atraviesa el alma abriendo un agujero que no te permite respirar. A veces, ni siquiera te deja pensar con claridad.

Pero ésa es la inteligencia de la Naturaleza. Para asegurar la supervivencia del bebé, su llanto suena de tal manera que no puedas ignorarlo sino que te veas obligado a atender sus demandas.
Vale, la teoría está muy bien, pero cuando tienes a tu renacuajo en brazos nada de eso te ayuda. Sólo sabes que se te pone un mal cuerpo que no sabes cómo gestionar, y que ni todos los conocimientos del mundo te sirven para nada.

Y lo digo desde mi propia experiencia ya que, siendo maestra, poseo una pequeña base de conocimientos científicos en lo que respecta a algunos aspectos relacionados con la infancia. Sin embargo, cuando se trata de mi duendecillo, muchas veces siento como si tuviera las herramientas necesarias pero no supiera emplearlas. En muchas ocasiones he sentido que todo lo que he estudiado no me servía de nada. Sólo era capaz de preocuparme e intentar hacer todo lo que dicen los manuales, aunque esto tampoco garantizaba nada.

He llegado a la conclusión de que la maternidad es la única asignatura que tiene miles de manuales para consultar, pero que no se corresponden con las preguntas del examen, porque el examen es un modelo único para el que has de elaborar tus propias respuestas. Y por eso en bastantes situaciones te quedas con la sensación de que estás al borde del suspenso, o que apruebas por los pelos (y a ver a la próxima qué pasa).
Nunca tienes la certeza absoluta de que lo estés haciendo bien. Aunque te digan que tú eres el mejor padre o la mejor madre que podría tener tu hijo. Sólo cuentas con la creencia de que estás haciendo lo que consideras más adecuado para tu bebé. Y todos los Superpapis y Supermamis deseamos lo mejor para nuestro pequeñajo.

Además, la única valoración que recibes es el observarlo a él, comprobando día a día que va creciendo sano, que se ve fuerte y que te demuestra que es feliz.

Un día acudí al consultorio médico y me encontré con mi matrona. Lo miró y él, durmiendo, abrió una sonrisita. Entonces la matrona me dijo: “Míralo, es feliz”.
Parecerá una tontería, pero esa frase se me ha quedado grabada en el corazón, y se la repito a Superpapi y a mí misma en los momentos de crisis, cuando no sabemos qué le pasa ni cómo consolarlo.
Pues con eso me quedo:

“El duendecillo es feliz”.


Y nos encanta escucharlo reír. Eso sí es impagable.

viernes, 30 de diciembre de 2016

Viviendo dentro de Mami

En la película Lucy la protagonista llama a su madre y le dice: “Recuerdo el sabor de tu leche en mi boca.”

Siempre me he preguntado ¿qué pasaría si lo recordáramos TODO?

Hay ciertas cosas que, por muchos estudios o investigaciones que se realicen, nunca se llegará más que a conjeturas sobre lo que probablemente ocurre en el cerebro del bebé.
A menudo digo que me gustaría tener una cámara dentro de su cabecita, que reprodujera todo lo que piensa. De momento, sólo podemos imaginarlo.

A mí me ha dado por imaginar cómo debe ser vivir en el útero. De acuerdo, me han ayudado un poco los documentales En el vientre materno, que ya mencioné en otro post.
En primer lugar, el feto se encuentra dentro del agua, desnudito y calentito, a una temperatura ideal. De manera regular escucha los latidos del corazón de mamá, de vez en cuando oye los sonidos procedentes del estómago propios de la digestión, y también le llega la voz de la mamá, aunque ésta se oye un poco más lejana.
Conforme pasan los meses, va recibiendo el sonido de otras  voces y algunos sonidos del exterior, los cuales están amortiguados por el líquido amniótico en el que se halla inmerso, además de los órganos y las capas de carne y piel de mamá.
En segundo lugar, en esta situación no necesita hacer nada, simplemente estar y dormir, a veces puede jugar con sus deditos, con el cordón umbilical… pero se encuentra en un estado de bienestar absoluto, ya que es alimentado constantemente  y no experimenta ninguna sensación de necesidad fisiológica.
En tercer lugar, suele encontrarse sumergido en un balanceo bastante agradable, cada vez que mamá se mueve, cosa que ocurre bastante a menudo. Esos movimientos van meciendo al bebé, envolviéndolo por completo en un estado de seguridad y calma.





Entonces sobreviene el parto. El bebé siente unos impulsos que son considerablemente fuertes, y que le obligan a empujar hacia afuera. Además, para salir ha de pasar por un canal muy estrecho, con lo que necesita retorcerse, y en algunas ocasiones han de tirar de él, incluso con una ventosa que se le pega a la cabeza.

Por otra parte, el líquido amniótico ha salido previamente, lo que significa que de repente ha dejado de flotar sumergido en su piscina particular.

Pero eso es sólo el principio, porque luego viene el frío, de repente ya no está tan calentito. 

Y a continuación le debe de invadir una especie de sensación de vacío que le produce un enorme desasosiego. Tiene hambre. Hambre que ya no se soluciona simplemente esperando a que lleguen los nutrientes a través del cordón umbilical, sino que ahora hay que hacer un esfuerzo extra para conseguirlos. Hay que aprender a succionar con los labios para sacar la leche del pecho materno.

En concreto, mi duendecillo, tuvo que aprender a mamar, ya que al ser prematuro, aún no había desarrollado el reflejo de succión. Y eso nos costó una vida, o al menos es lo que nos pareció a nosotros.

En conclusión, aunque es cierto lo que dicen que ver nacer una vida es muy hermoso, no hay que olvidar que también es un trabajo muy costoso, tanto para la madre como para el bebé. Hasta tal punto, que el llamado “trauma del nacimiento” es absolutamente real. Siempre hablamos de lo duro que es para la madre, pero generalmente nos olvidamos de lo duro que es para el bebé.

Sin embargo, cuando por fin lo tenemos en nuestros brazos sentimos la más inmensa de las alegrías.

Aquí os dejo algunos enlaces explicando esto mismo. Espero que os gusten y os sirvan como a mí para comprenderlo mejor.





¡Bienvenido al mundo, pequeño!

El primer saludo de mi bebé

Cuando me puse de parto de mi duendecillo estaba tan concentrada en la labor de empujar, que no era consciente de todas las cosas que iban sucediendo a mi alrededor. Creo que mi cerebro elaboró una especie de túnel a través del cual sólo me llegaban dos voces: la de Superpapi diciéndome que lo estaba haciendo bien, y la de la matrona gritándome: “¡Cágate, cágate!”

Sí, lo habéis leído bien, me decía que me hiciera popó allí en medio, como si nada, porque según ella, los empujones al parir consisten en hacer la misma fuerza que cuando hacemos nuestras necesidades.

Fue al cabo de unos días cuando empezaron a aparecer y organizarse en mi mente las imágenes que había presenciado. Eran retazos a modo de fotogramas de lo que había vivido durante aquellas horas en la sala de nacimientos (me gusta llamarla así).
Recordé al grupo de jóvenes pediatras que esperaban la llegada de mi duendecillo para poder examinarlo (el pequeñajo fue prematuro y debían asegurarse de que no necesitaba incubadora). Rememoré también el ajetreo de  las matronas, corriendo de una sala a otra, ya que esa noche nos pusimos varias mamás de parto al mismo tiempo (según algunas creencias, parece ser que la luna llena de agosto tuvo algo que ver en eso).
Pero por encima de todo eso, recuerdo cómo cogieron a mi bebé y me lo colocaron sobre la barriga, unido todavía a mí mediante el cordón umbilical, aunque sólo fue durante unos segundos.
Una vez terminó todo, mientras la matrona preparaba nuestro traslado a la habitación y Superpapi había salido afuera a informar a nuestras familias de cómo había ido todo, nos quedamos solos el peque y yo, cada uno en su propia cama.
En ese espacio de silencio miré a mi izquierda y vi el diminuto bultito plateado que era mi bebé (estaba enrollado con la manta térmica), inmóvil, y le llamé: “¡Bebé… bebé…! ¿estás ahí?” Y puede parecer una tontería, o una locura, pero mi duendecillo levantó el brazo, golpeando la manta, como respondiendo a mi llamada, como si hubiera reconocido mi voz y estuviera hablando con su cuerpo: “Estoy aquí, mami.”
Por unos instantes me embargó la emoción.




Seguro que muchas Supermamis tienen algún recuerdo similar.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

¡Vamos de paseo!

Una amiga me dijo un día: “Las primeras semanas es recomendable que no salgas de casa sola. Puedes encontrarte fatigada, te puedes marear… Yo salí un día a recoger al mayor después de tener a la peque y me desmayé en la puerta del cole.”
Así que al principio, Superpapi, Supermami y el duendecillo íbamos juntos a todas partes.
Pero ¿salir de casa? Ése no era el problema, el auténtico problema era sencillamente SALIR.
En primer lugar teníamos que preparar todo lo que había que llevarse para el pequeñajo. Llevamos una bolsa que bien podría ser una maleta con ruedas. De hecho, cuando estamos paseando por la calle y veo los minibolsitos tan cuquis que llevan otras Supermamis no puedo dejar de mirarlos preguntándome: ¿dónde llevan todas las cosas? ¿De verdad que ahí les cabe TODO?
Nosotros llevamos:
  1. Pañales
  2. Cambiador
  3. Toallitas húmedas
  4. Pañuelos de papel
  5. Un biberón con las tomas correspondientes y el termo con agua (llevamos a cabo lactancia mixta)
  6. Botecitos tamaño muestra de crema y colonia para bebés (vienen muy bien las muestras que te regalan en el hospital, en las canastillas por cortesía de Lets Family y Mi bebé y yo)


  7. Dos o más baberos
  8. Cinco o seis gasas (el peque tira un montón)
  9. Y por supuesto, imprescindible, una bolsa con mudas de ropa para cambiar al renacuajo si se moja mucho. En invierno también llevamos un par de zapatitos de repuesto, por si los pierde... y que no se le enfríen los pies. Aunque a él no le gustan, y como buen gatito que es prefiere ir con los pies libres de ataduras.



Además, después de las primeras salidas, Superpapi y yo hemos aprendido a incluir también una muda para nosotros, porque las regurgitaciones del nene suelen alcanzarnos y bastante. A mí me gusta pensar lo que nos dijo una vez una prima nuestra: “Llevamos medallas de mami.”

De manera que, antes de salir de casa tenemos que preparar el maletón, vestirnos nosotros y vestirlo a él. Y mientras ocurre todo eso, resulta que se ha pasado el tiempo de la toma y al pequeñajo le toca otra vez mamar. Le doy con sumo cuidado para que no se vomite encima y le cambiamos el pañal (otra vez). Normalmente vuelve a vomitar y hay que cambiarle la ropita de nuevo, a veces hemos tenido que cambiarle hasta tres veces antes de salir.

Cuando por fin creemos que ya está todo listo, salimos pitando, rezando para que se duerma en el coche y no se agobie demasiado, ya que parece que la sillita no le apasiona (esto lo explicaré en otro post).

¡A pasear!

domingo, 13 de noviembre de 2016

Presentación

Hola, somos dos papás primerizos, que en nuestro corazón deseamos ser unos superpapis geniales.

Yo soy mami, maestra, escritora, hija, hermana, prima, tía... y un montón de cosas más.
Superpapi es papi, quiromasajista, ciclista, hijo, hermano, primo, tío... y otro montón de cosas más.

Desde que el peque llegó a nuestras vidas, nos iba rondando por la cabeza escribir sobre nuestra experiencia, ya que a nosotros nos ha servido mucho escuchar las experiencias de amigos y familiares para aprender a vivir con un bebé.
Ahora, la familia ha aumentado, y junto al Duendecillo tenemos a nuestra pequeña Hadita, que ha puesto nuestro mundo patas arriba.



Imágenes: RenéeMB con la aplicación
Powerpuff yourself
Montaje: RenéeMB aplicación Canva
En este blog iremos relatando nuestras vivencias y sentimientos acerca del embarazo y el nacimiento del Duendecillo y de la pequeña Hadita, con el fin de grabar todos esos recuerdos y poder contárselos algún día a nuestros pequeñajos.

Por otra parte, como mi profesión es mi pasión, he reservado un espacio en este blog para contar anécdotas que me ocurren en el día a día que comparto con mis niños en el aula. Todos esos niños que han dejado huella en mi corazoncillo de maestra, y que me han permitido participar un poquito de sus vidas.

Pero además, como Superpapi y yo somos unos apasionados del cine, las series y los libros, aprovecharemos también para comentar y analizar distintas producciones desde varios puntos de vista.

Todo lo que publicamos aquí es estrictamente nuestra opinión personal. En ningún caso nos apropiamos de artículos cuya autoría no nos pertenece. Sin embargo, si citamos algún artículo ajeno, citamos la fuente, y añadimos el enlace correspondiente.

No nos responsabilizamos de las opiniones vertidas por terceras personas en los comentarios. Los autores de este blog se reservan el derecho de borrar o eliminar cualquier comentario que vulnere la dignidad de las personas, que sea discriminatorio o vejatorio, o que atente contra cualquier otro derecho fundamental.

Esperamos que nos acompañéis en esta aventura y que la disfrutéis tanto como nosotros.