Superpapis de Corazón

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martes, 18 de julio de 2017

El tiempo es ORO

Muy a menudo solemos escuchar esta cita, y demasiado a menudo la tomamos a la ligera.
Es cierto que vivimos en una época en la que intentamos aprovechar al máximo el tiempo, que más que nunca, somos realmente conscientes de lo rápido que se nos escapan los minutos, las horas, los días...
Sin embargo, nunca antes lo había tenido tan presente como hasta ahora.
Es absolutamente cierta aquella cita que dice: 

"El tiempo es la arena que se escurre entre nuestros dedos".

Cuando vemos lo rápido que crece el Duendecillo, cómo se va haciendo fuerte, ganando precisión en sus movimientos, cómo va ampliando sus experiencias y su comprensión de todo cuanto le rodea...
Un día, cenando con Superpapi le decía: "¿Qué ha pasado? Si ayer lo tenía en mis brazos dándole el pecho, y ahora está en su silla, comiéndose el potito..."
Y eso me lleva a otra cuestión. Cuando volví a trabajar, tras el permiso de maternidad, sólo deseaba que llegasen las vacaciones para pasar el máximo tiempo posible con él. Porque no quiero perderme ni un segundo de su vida.

Vale, también es cierto que a veces necesito algún ratito para mí, una comida con mis amigas, una cena tranquila con Superpapi... Pero lo que más me llena es tenerlo entre mis brazos.

Esto me recuerda dos cosas: En primer lugar, un hermoso poema que compartí hace tiempo en Facebook. El autor es Regan Long, y podéis leerlo entero en el muro de Facebook de Aprender a ser padres.



Y en segundo lugar, la preciosa canción que dedica Manuel Carrasco a todas las madres trabajadoras, cuyo vídeo podéis ver en este enlace:

Cariño espérame, Manuel Carrasco



De hecho es así, cuántas veces se ha dormido el peque y he pensado "¡Por fin! Voy a poner una lavadora, a fregar los cacharros, a ordenar los juguetes, el baño..." Pero inmediatamente después me he dicho: "Mejor me quedo aquí, abrazadita a mi peque, que se está muy a gustito... Ya lo haré todo luego, o mañana..., qué más da.

Así que si alguna visita entra en mi casa y me juzgan porque está todo patas arriba (cosa que yo no suelo juzgar en otras casas), ya puede tomárselo con calma, porque a mí no me asalta ningún sentimiento de culpa o agobio.

Igualmente, cuando hablamos del gimnasio,primero siempre digo que debería ir y hacer algo de ejercicio, pero enseguida me viene a la cabeza toda la inversión de tiempo que supondría, y automáticamente me echo para atrás. Es cierto que siempre he tenido 1000 excusas para no ir, y todos los años vuelvo a empezar (por aquello de los buenos propósitos), pero también es cierto que si antes tenía el tiempo justito, ahora todavía más.

Por lo tanto, mi cuerpo seguirá siendo el de siempre (más o menos), ¡qué le voy a hacer! Poco musculado, con partes fofas (emulando a Bridget Jones), y con la barriguita de mami que se me ha quedado, que al fin y al cabo es el recuerdo (uno de tantos) que dentro de mí ha crecido una vida.

Y de acuerdo con Armando Bastida, no voy a intentar borrar mi embarazo, que para algo lo he vivido.
Además, he de decir que por suerte para mí fue una experiencia preciosa, así que no deseo olvidarlo de ninguna de las maneras.

La hipocresía de empujarte a tener hijos y luego pedirte que escondas tu maternidad y a tus hijos

viernes, 30 de diciembre de 2016

Viviendo dentro de Mami

En la película Lucy la protagonista llama a su madre y le dice: “Recuerdo el sabor de tu leche en mi boca.”

Siempre me he preguntado ¿qué pasaría si lo recordáramos TODO?

Hay ciertas cosas que, por muchos estudios o investigaciones que se realicen, nunca se llegará más que a conjeturas sobre lo que probablemente ocurre en el cerebro del bebé.
A menudo digo que me gustaría tener una cámara dentro de su cabecita, que reprodujera todo lo que piensa. De momento, sólo podemos imaginarlo.

A mí me ha dado por imaginar cómo debe ser vivir en el útero. De acuerdo, me han ayudado un poco los documentales En el vientre materno, que ya mencioné en otro post.
En primer lugar, el feto se encuentra dentro del agua, desnudito y calentito, a una temperatura ideal. De manera regular escucha los latidos del corazón de mamá, de vez en cuando oye los sonidos procedentes del estómago propios de la digestión, y también le llega la voz de la mamá, aunque ésta se oye un poco más lejana.
Conforme pasan los meses, va recibiendo el sonido de otras  voces y algunos sonidos del exterior, los cuales están amortiguados por el líquido amniótico en el que se halla inmerso, además de los órganos y las capas de carne y piel de mamá.
En segundo lugar, en esta situación no necesita hacer nada, simplemente estar y dormir, a veces puede jugar con sus deditos, con el cordón umbilical… pero se encuentra en un estado de bienestar absoluto, ya que es alimentado constantemente  y no experimenta ninguna sensación de necesidad fisiológica.
En tercer lugar, suele encontrarse sumergido en un balanceo bastante agradable, cada vez que mamá se mueve, cosa que ocurre bastante a menudo. Esos movimientos van meciendo al bebé, envolviéndolo por completo en un estado de seguridad y calma.





Entonces sobreviene el parto. El bebé siente unos impulsos que son considerablemente fuertes, y que le obligan a empujar hacia afuera. Además, para salir ha de pasar por un canal muy estrecho, con lo que necesita retorcerse, y en algunas ocasiones han de tirar de él, incluso con una ventosa que se le pega a la cabeza.

Por otra parte, el líquido amniótico ha salido previamente, lo que significa que de repente ha dejado de flotar sumergido en su piscina particular.

Pero eso es sólo el principio, porque luego viene el frío, de repente ya no está tan calentito. 

Y a continuación le debe de invadir una especie de sensación de vacío que le produce un enorme desasosiego. Tiene hambre. Hambre que ya no se soluciona simplemente esperando a que lleguen los nutrientes a través del cordón umbilical, sino que ahora hay que hacer un esfuerzo extra para conseguirlos. Hay que aprender a succionar con los labios para sacar la leche del pecho materno.

En concreto, mi duendecillo, tuvo que aprender a mamar, ya que al ser prematuro, aún no había desarrollado el reflejo de succión. Y eso nos costó una vida, o al menos es lo que nos pareció a nosotros.

En conclusión, aunque es cierto lo que dicen que ver nacer una vida es muy hermoso, no hay que olvidar que también es un trabajo muy costoso, tanto para la madre como para el bebé. Hasta tal punto, que el llamado “trauma del nacimiento” es absolutamente real. Siempre hablamos de lo duro que es para la madre, pero generalmente nos olvidamos de lo duro que es para el bebé.

Sin embargo, cuando por fin lo tenemos en nuestros brazos sentimos la más inmensa de las alegrías.

Aquí os dejo algunos enlaces explicando esto mismo. Espero que os gusten y os sirvan como a mí para comprenderlo mejor.





¡Bienvenido al mundo, pequeño!