Superpapis de Corazón

viernes, 10 de febrero de 2017

¿Quién dijo miedo(s)? (1ª parte)

Cuando eres papá o mamá te asaltan las dudas y los miedos, sobre todo si eres primerizo.

Aunque en nuestra experiencia, la palabra miedo se queda corta, yo prefiero utilizar la palabra TERRORES. Todo nos daba pavor.




Principalmente los primeros meses, cuando el bebé se pone a llorar y no sabes qué le pasa, lo pruebas todo para calmarlo pero él sigue llorando sin consuelo. Esa sensación es desgarradora, te atraviesa el alma abriendo un agujero que no te permite respirar. A veces, ni siquiera te deja pensar con claridad.

Pero ésa es la inteligencia de la Naturaleza. Para asegurar la supervivencia del bebé, su llanto suena de tal manera que no puedas ignorarlo sino que te veas obligado a atender sus demandas.
Vale, la teoría está muy bien, pero cuando tienes a tu renacuajo en brazos nada de eso te ayuda. Sólo sabes que se te pone un mal cuerpo que no sabes cómo gestionar, y que ni todos los conocimientos del mundo te sirven para nada.

Y lo digo desde mi propia experiencia ya que, siendo maestra, poseo una pequeña base de conocimientos científicos en lo que respecta a algunos aspectos relacionados con la infancia. Sin embargo, cuando se trata de mi duendecillo, muchas veces siento como si tuviera las herramientas necesarias pero no supiera emplearlas. En muchas ocasiones he sentido que todo lo que he estudiado no me servía de nada. Sólo era capaz de preocuparme e intentar hacer todo lo que dicen los manuales, aunque esto tampoco garantizaba nada.

He llegado a la conclusión de que la maternidad es la única asignatura que tiene miles de manuales para consultar, pero que no se corresponden con las preguntas del examen, porque el examen es un modelo único para el que has de elaborar tus propias respuestas. Y por eso en bastantes situaciones te quedas con la sensación de que estás al borde del suspenso, o que apruebas por los pelos (y a ver a la próxima qué pasa).
Nunca tienes la certeza absoluta de que lo estés haciendo bien. Aunque te digan que tú eres el mejor padre o la mejor madre que podría tener tu hijo. Sólo cuentas con la creencia de que estás haciendo lo que consideras más adecuado para tu bebé. Y todos los Superpapis y Supermamis deseamos lo mejor para nuestro pequeñajo.

Además, la única valoración que recibes es el observarlo a él, comprobando día a día que va creciendo sano, que se ve fuerte y que te demuestra que es feliz.

Un día acudí al consultorio médico y me encontré con mi matrona. Lo miró y él, durmiendo, abrió una sonrisita. Entonces la matrona me dijo: “Míralo, es feliz”.
Parecerá una tontería, pero esa frase se me ha quedado grabada en el corazón, y se la repito a Superpapi y a mí misma en los momentos de crisis, cuando no sabemos qué le pasa ni cómo consolarlo.
Pues con eso me quedo:

“El duendecillo es feliz”.


Y nos encanta escucharlo reír. Eso sí es impagable.

sábado, 14 de enero de 2017

Un cuento: La pequeña oruga glotona

Seguramente muchos Superpapis y Supermamis lo conocerán. Yo lo conozco a través de mi profesión, al igual que muchas maestras. Me encanta. 



Es un cuento muy bonito que nos cuenta cómo una oruga se despierta un día, empieza a comer y al cabo de varios días se convierte en una colorida mariposa.

Con un lenguaje sencillo y unos dibujos preciosos, el autor nos invita a leer una corta historieta muy entretenida, sobre todo para los más pequeños, no sólo por su estructura repetitiva, sino por sus conceptos simples y visuales.

Además, tanto antes como después de su lectura se le puede sacar un enorme partido a la narración, a través de distintas actividades que ayudarán a los peques a aprender distintos conocimientos tan dispares como son los días de la semana, los números, y las frutas.

Por otra parte, con niños un poco más mayores se puede profundizar en el tema de la vida de las orugas y su metamorfosis en mariposas, un tema que les apasiona.
Existen en internet un sinfín de páginas que ofrecen fichas imprimibles relacionadas con este cuento.

En resumen, es un libro que todos los que tenemos niños pequeños deberíamos tener en la estantería de casa, y del aula en el caso de los maestros y maestras.


Espero que disfrutéis su lectura. 

jueves, 12 de enero de 2017

Las primeras Navidades

Una de las cosas más bonitas de tener un bebé es que vuelves a vivir muchas situaciones por primera vez. Las primeras de tu pequeñajo: el primer baño, el primer paseo, el primer viaje en coche… Y ahora las primeras Navidades.
Solo puedo definirlas con una palabra: Ilusión.
Ilusión de los abuelos por comprarle los regalitos, por vestirlo de Papá Noel, de pastorcillo, de Niño Jesús, de elfo…
Ilusión nuestra por observar sus reacciones al ver las luces decorativas de la ciudad, el árbol de la plaza central… Y también ilusión por vestirlo de Papá Noel y de elfo. Para eso le compramos al duendecillo un par de pijamas de estos personajes.

Estábamos deseando hacerle una sesión de fotos vestido así, como en esas postales tan bonitas que se ven en internet de bebés dormiditos. Pero el duendecillo no estaba dispuesto a ponérnoslo fácil.
Él es muy activo, no para quieto, y además suele vomitar bastante. Así que teníamos que tenerlo todo preparado para poder cazarle en buena posición y antes de que se cansara. Además, teníamos que ser rapidísimos para vestirlo y hacerle las fotos antes de que se manchara o se pusiese a llorar.
¡¡Al final lo conseguimos!!

Ya tenemos un bonito recuerdo de sus primeras Navidades.

En cuanto a los regalos, aunque aún tenía 4 meses y medio y en teoría no se entera de nada, sí que hicimos que fuera él quien desgarrase el papel que los envolvía.


Aunque al ser tan pequeño, el ajetreo de estos días le pasó factura, y por tanto ha estado algo potrosillo, ya que le hemos descolocado un poco al cambiarle las rutinas, comer más veces fuera de casa y con más jaleo del habitual, etc.


En conclusión, las primeras Navidades del peque las hemos disfrutado los adultos más que él, aunque nos gusta pensar que él también ha disfrutado, a su manera.  ;)