Superpapis de Corazón

domingo, 3 de enero de 2021

Bye bye 2020, Welcome, 2021

 Hola supermamis y superpapis del mundo.

Estamos viviendo unas Navidades totalmente atípicas. 

Llevamos mucho tiempo esperando que finalizara este año atroz.  Y cómo lo estábamos deseando, ¿verdad?

Sabemos que el paso de un día para otro no va a cambiar nada (...¿o sí?). Pero hemos estado esperando el amanecer del día 1 de enero como si nos fuese a traer el fin de una pesadilla larguísima.

Durante varias semanas hemos visto en las redes sociales cómo todo el mundo hace balance del fin de año y plantea sus propósitos para año nuevo.

Imagen: Spark Post
Montaje: RenéeMB

Yo ni siquiera me lo había planteado. De hecho, incluso en mi agenda-bujo he pasado directamente del fin de mes de diciembre al planning para enero. A diferencia del año pasado, que dediqué varias páginas a reflexionar sobre cómo había ido mi año, y qué esperaba del nuevo.

Es que este año han pasado tantas cosas malas, que la verdad es que solo me apetece pasar página. 

Primero tuvimos varios fallecimientos en la familia, luego llegó la pandemia con el confinamiento. Luego siguieron más fallecimientos... Y el coronavirus que no se va, que ha decidido quedarse entre nosotros.

A veces siento que estoy viendo pasar el tiempo como si fuese una espectadora en el cine. Sólo miro cómo pasan las hojas en el calendario.

Luego me riño a mí misma y me recuerdo que no, que TODO no ha sido malo. 

Hemos de romper una lanza en favor del año 2020. También hemos vivido cosas buenas.

Hemos podido pasar más tiempo con los peques.

Hemos aprendido a disfrutar de cada momento con ellos.

Hemos aprendido a gestionar  nuestro tiempo de otra forma.

Hemos aprendido a relacionarnos en la distancia.

Y también hemos aprendido a disfrutar más de todo lo que tenemos. A ser más agradecidos.


Imágenes: Spark Post
Montaje: RenéeMB

Por otra parte, hemos adquirido malos vicios que aún estamos intentando quitar: trasnochar, consultar cada dos por tres las novedades de las rrss o las noticias...

Pero también hemos aprendido a ser más minimalistas. Ya no perdemos tiempo con cosas que no nos llenen.

Por otra parte, yo sigo con mi lucha de opositora, pero he cambiado mi mirada. Estoy aprendiendo a enfocarme en los pequeños pasitos que voy dando en lugar de fustigarme por los objetivos que no cumplo. Me he vuelto más realista y tengo claro que si tengo una hora, la aprovecharé a tope y después a seguir con los míos. Porque la infancia pasa y ya no vuelve. 

Y pasa muy rápido. Demasiado.

Como le digo al pequeño Duendecillo: "Deja de crecer, que ya estás bien así. Quiero que seas mi bebé para siempre." Él me mira y se ríe. "Mamá yo soy tu bebé, pero ya soy mayor. Tengo 4 años." Y nos quedamos acurrucados uno junto al otro.

Por suerte aún me queda la pequeña Hadita, que aún necesita brazos para dormir. Me lo estoy disfrutando todo lo que puedo, a pesar del cansancio. Y con una leve sensación de amargura, porque sé que acabará pronto.

Así despido el año 2020. Con pena por todo lo que se nos ha quedado en el camino. Pero con esperanza de que salgamos fortalecidos, y que lo que venga sea mejor.


¿Qué le pido al 2021?

Poder volver a reunirnos con los nuestros sin miedos, sin limitaciones.

Poder salir a la calle sin recelos, con la seguridad de que algo tan simple como dar un paseo no se convierta en un ingreso en el hospital.

Que de verdad mejore la situación de tanta y tanta gente que lo ha perdido todo.

En definitiva, deseo que el 2021 realmente acabe con todo lo malo y se convierta en el amanecer que todos esperamos.
Que nos traiga un renacimiento y una recuperación reales, palpables, de las que se notan en las calles, no las que se publicitan en las ruedas de prensa oficiales.

Deseo que de verdad la gente encuentre lo que busca, y reciba lo que necesita.

Deseo que los dirigentes, los que mandan, los que están arriba, abran los ojos y se den cuenta de una vez de lo que necesita la gente, que necesitan viviendas, ropa, alimento, y no campañas de publicidad anti nada. 

Que nos lo hemos ganado.

Imagen: Spark  post
Montaje: Renée MB

Y tú, ¿Qué le pides al año que empieza? ¿Cuál es tu balance del 2020? Puedes contarlo en los comentarios, nos encantará leerte.

Felices fiestas y próspero año nuevo.

domingo, 8 de noviembre de 2020

Es muy buen niño


Este curso, el inicio de las clases ha sido muy diferente de lo que estábamos acostumbrados. Hemos terminado el mes de septiembre tan agotados como si hubiera pasado un trimestre entero. Entre las medidas de seguridad por el COVID-19, el distanciamiento con nuestras criaturas, y las asfixiantes y deshumanizantes mascarillas, dudo que haya habido jamás un inicio de curso tan duro.
Pensando en esto, me vienen a la cabeza diversas anécdotas curiosas, muchas de ellas ocurridas a inicios de curso, cuando aún nos estamos conociendo los niños y yo.

En este caso contaré la historia que me evoca la frase: "Es muy buen niño".

Esta expresión tan socorrida que hemos escuchado miles de veces en boca de madres, padres, abuelos, abuelas, tíos, etc., yo la escuché una vez en boca de una niña de 3 añitos… Y se refería a su PONI.


Pongámonos en situación:


Soy tutora de un grupo de niños y niñas de 3 años. Es el mes de septiembre, y propongo a mis alumnos que piensen un nombre para la clase.


Empiezan a surgir ideas: los perros, los gatos, las princesas… lo habitual para niños de estas edades. Y de repente, una niña dice: LOS PONIS. Y el resto de la clase la apoya.


Es una idea poco usual para niños de 3 años, porque en esa época (hace 10 años más o menos) pocos niños de esta edad solían tener experiencias con estos animales. En este caso, esta niña en concreto tenía un poni, al que montaba cada fin de semana.


La cuestión es que, tras decidir casi por unanimidad que seríamos la clase de los ponis, mi alumna se queda pensativa y me dice: “Seño, ¿puede venir mi poni a clase algún día? Es muy buen niño”.


¿Qué le iba a contestar yo? “Pues claro que sí que puede venir… Si es buen niño y se porta bien…”

Imágenes: Revista Maestra Infantil y RenéeMB
Montaje: RenéeMB

A veces, los adultos estamos tan inmersos en nuestro mundo de adultos que no nos damos cuenta de cuán profundo calan en nuestros niños las sentencias que soltamos, a menudo a la ligera. Y casi siempre sobre ellos.



De hecho, maestras y maestros solemos insistir bastante en que los niños no deben asistir a las reuniones de clase con los padres, precisamente porque no deben escuchar lo que hablemos sobre ellos.


A menudo ocurre que presumimos de lo inteligente que es nuestro hijo o hija, lo guapo o lo bueno que es, delante de él. Aunque no es demasiado recomendable, al menos es mejor que hacer justo lo contrario. Es decir, es totalmente inadmisible quejarse de lo mal que se porta, de que no estudia o que no sabe nada, delante de él. Ya no hablemos de defectos físicos o rasgos de mal carácter.


Está claro que hay que contribuir a que desarrollen su inteligencia emocional de una manera positiva. Los expertos aconsejan que debemos ayudar a los niños a elaborar una imagen ajustada de sí mismo, lo más próxima a la realidad posible, sin generar expectativas exageradamente negativas o positivas.


Hay que tener en cuenta que el primer espejo en el que se mira el niño son sus padres, y por lo tanto tenemos una responsabilidad esencial en el desarrollo de su personalidad.



Un niño al que siempre le están diciendo lo perfecto que es y lo bien que lo hace todo, no será capaz de tolerar las frustraciones ni de aprender de sus errores. Es muy probable incluso que sea incapaz de reconocerlos.


Por otra parte, un niño al que siempre le recuerdan lo mal que lo hace todo, que es un desastre, que su comportamiento no es el deseable, crecerá creyendo de verdad que no vale para nada, que sólo sabe hacer gamberradas. En consecuencia, sólo actuará de ese modo, porque asumirá que es lo único que se espera de él. Un niño al que se le repite constantemente que es malo, adoptará ese rol como propio, viéndose incapaz de hacer las cosas de otra manera.


Por estos motivos, antes de pretender moldear a nuestros hijos e hijas, hemos de plantearnos una profunda reflexión sobre nuestra persona, lo que nos gusta y lo que no, cómo nos ven ellos y cómo queremos que nos vean.



Me gusta mucho una escena de la película “Criadas y señoras”. El personaje Aibileen le hace repetir a la niña que cuida: “Yo soy buena. Yo soy inteligente. Yo soy importante.”



Sé que es muy difícil, y a todos nos cuesta mucho. Todos cometemos errores. Pero de ellos también se aprende… y nunca dejamos de aprender.

Al hilo de esto, os dejo el enlace a un artículo de Álvaro Bilbao, reconocido neuropsicólogo, experto en la crianza positiva.

55 cosas positivas que todo niño debería escuchar de boca de sus padres



¿Y tú qué opinas? ¿Crees que le pones demasiadas etiquetas a tu hijo/hija? ¿Has utilizado alguna vez alguna de estas frases positivas? Cuéntanoslo en los comentarios.


¡Feliz semana!